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2 septiembre, 2022

¿Cómo afrontar el síndrome post-vacacional?

Cuando las vacaciones llegan a su fin, la mayoría de personas regresan con normalidad a sus puestos de trabajo, sin que esto suponga trastorno alguno. Un entorno laboral favorable, con actividades que resulten gratificantes y con solidez en las relaciones sociales, resulta crucial para una “reentré” saludable. Sin embargo, algunas personas pueden pasar por un proceso adaptativo a la vida laboral más dificultoso, conocido popularmente como síndrome post-vacacional.

El síndrome post-vacacional no está tipificado como enfermedad, sino como síndrome transitorio, con una sintomatología y estado de ánimo concretos, pero con una duración estimada de unos 15 días.

Si dicha sintomatología y pensamientos negativos se alargaran más en el tiempo, sería conveniente visitar a un profesional de la salud, para descartar algún otro posible trastorno subyacente (depresión, ansiedad, etc.). Además, el síndrome post-vacacional es relativamente reciente, lo cual nos hace pensar en su intrínseca relación con el estilo de vida actual, un estilo de vida de ritmos frenéticos, de no parar ni un segundo, de enlazar una actividad con otra y no reparar en nosotros y nuestras necesidades.

Durante las vacaciones, ese ritmo cambia por completo, descansamos más, madrugamos menos, huimos de la rutina, etc., y nuestro cuerpo y nuestra mente lo agradecen. Así pues, cuando nos reincorporamos de forma brusca a la rutina laboral, puede surgir cierta sintomatología entre la que destacaríamos:

• A nivel físico, los síntomas se pueden manifestar en forma de fatiga, cansancio, sueño, falta de apetito y dificultad para la concentración.
• A nivel psicológico, se apreciaría una conducta de falta de motivación e interés, irritación y nerviosismo, así como de tristeza, por lo que los síntomas se pueden llegar a confundir con síntomas depresivos, pero la diferencia fundamental radica, insistimos, en el factor desencadenante de los mismos (la vuelta al trabajo y a la rutina tras el período vacacional), así como la durabilidad de estos en el tiempo (no superior a 15 días aproximadamente, que es el tiempo estimado de adaptación a nuestras actividades).

Algunas pautas a seguir para minimizar la sintomatología tanto física como psíquica del Síndrome post-vacacional:

  • Dosificar la gestión de las tareas pendientes a nuestro regreso. Cuando nos reincorporamos al trabajo, no es extraño encontrarnos con miles de correos y papeleo, y querer responder a todo a la vez nos lleva a angustiarnos. Hay que marcarse pequeñas metas, e intentar ir solucionando el trabajo paso a paso. Debemos pensar que no somos los únicos que regresamos de vacaciones, de manera que el resto también necesitará de estas dos semanas de transición para ir adaptándose.
  • Intentar que la vuelta a la rutina no sea radical, es decir, al salir del trabajo, hacer alguna actividad parecida a la que hacíamos en vacaciones: ir a tomar algo con los amigos, ir un ratito a la playa, hacerse algún tratamiento de belleza, etc. Cualquier cosa que nos permita desconectar y nos ayude a regresar a nuestro día a día, paulatinamente.
  • Realizar deporte también ayuda, el deporte hace que liberemos endorfinas, y por tanto, nos sintamos mejor, de ese modo nuestra sensación de tristeza, porque nuestras vacaciones han llegado a su fin, será menor.
  • Por último, hay algunos trucos a la hora de organizar nuestras vacaciones, que también pueden ayudarnos, como volver a trabajar entre semana en lugar de un lunes, acortando nuestra primera semana; otra opción es segmentar nuestras vacaciones, en lugar de realizar el mes seguido.
  • Y la técnica de las 4 “A”

Aceptación: las vacaciones acabaron, lamentarnos no nos las va a devolver, sin embargo, aceptar la nueva etapa que iniciamos y ver la parte positiva de ello (reencuentro con compañeros o familiares, retomar hobbies o deportes, etc.) nos resultará mucho más adaptativo y nos evitaré un desgaste energético innecesario que es el que tiene lugar cuando quedamos atrapados en la queja por una situación que nos incomoda.
Atención plena en el aquí y el ahora: cualquier técnica de mindfulness será bienvenida, respira conscientemente, pasea, date un baño, observa a tu alrededor, en definitiva, reconecta con el presente. Está bien recordar las vacaciones y valorar lo vivido, pero no quedarnos ahí fijados como válvula de escape.
Sé Agradecid@: valora lo vivido en vacaciones, y todo lo que tienes en general, tus amigos, tu trabajo, tu familia, tu pareja… agradecer siempre resulta beneficioso.
➢ Ten una actitud positiva ante la vida.

Finalmente, Irene Giménez, psicóloga del Institut Dra. Natalia Ribé, insiste:

“En cualquier caso, lo fundamental es no exigirnos más de lo debido a nuestro regreso, y entender que necesitamos adaptarnos a la vuelta a la rutina, y sobre todo, tener presente que si ese periodo de adaptación se perpetúa en el tiempo, deberemos acudir a un profesional para descartar que no nos encontremos frente a algún verdadero trastorno (estrés crónico, ansiedad generalizada o depresión…) que precise ser tratado.»

 

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About Dra. Natalia Ribé

La Doctora Natalia Ribé es andróloga, máster en Medicina Cosmética y del Envejecimiento por la UAB. Fundadora y directora médica del Institut Dra. Natalia Ribé. Galardonada con la Medalla de Oro del Foro Europa 2001. Participa activa y altruistamente en el programa Aldeas Infantiles SOS.

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